La Odisea

Diario ABC Puebla

En la pluma de: Emiliano Bonilla Suárez

La obra cinematográfica de Christopher Nolan es uno de los trabajos más originales, influyentes y sólidos del cine actual de gran presupuesto. Lejos de buscar solo el entretenimiento rápido, Nolan ha construido un estilo propio donde temas como el tiempo, la memoria, la percepción y la moral humana son los verdaderos motores de sus historias. Desde sus inicios independientes hasta sus megaproducciones históricas, el director británico ha demostrado que se pueden hacer películas inteligentes que a la vez sean grandes éxitos de taquilla.

Para entender su cine, el tiempo es el elemento clave; no es solo el momento en el que ocurren las cosas, sino un personaje más o un obstáculo al que los personajes se enfrentan para intentar salvarse o entender su vida. Desde sus primeras películas como “Following” y “Memento”, Nolan mostró una obsesión por romper el orden cronológico normal. En “Memento”, contar la historia al revés no es un simple truco visual, sino una herramienta para que el espectador sienta la misma confusión y pérdida de memoria que el protagonista. Esta idea de jugar con las reglas de la física y el tiempo se vuelve aún más grande en obras como “Interstellar” y “Tenet”, donde los minutos pueden valer décadas o donde el tiempo puede invertirse, obligando a los personajes a tomar decisiones cuyas consecuencias se extienden por generaciones. Además, el uso que hace del montaje paralelo le permite cruzar varias historias a la vez para crear una tensión insoportable donde siempre parece que el tiempo se va a agotar.

Dentro de estos mundos inestables, los protagonistas suelen vivir atrapados entre la realidad y sus propias ilusiones, preguntarse qué es real y qué no, es una constante en sus tramas. Personajes como los de “Memento”, “Insomnia” o “Inception” cargan con culpas tan pesadas que su mente deforma los recuerdos para protegerlos del sufrimiento. La memoria nunca aparece como un archivo exacto, sino como algo frágil y fácil de manipular. Para mantener el orden en estas historias tan complejas, Nolan siempre establece reglas muy claras dentro de cada película, desde objetos especiales que comprueban la realidad hasta leyes científicas alteradas, logrando que el público acepte universos fantásticos gracias al orden y la lógica con los que se explican, o en el caso de “La odisea”, alterar por completo el mensaje de la obra original, decidiendo narrar la guerra de Troya, el evento que mueve toda la trama, al final de esta, cambiando el mensaje “épico” de la obra original por uno de trauma y dolor.

Debajo de estas estructuras complejas siempre hay un profundo conflicto moral impulsado por la obsesión. Los personajes principales suelen ser personas entregadas por completo a una sola misión: científicos, detectives, magos o soldados dispuestos a sacrificar su tranquilidad, sus relaciones y sus propios principios con tal de lograr su objetivo. El precio de esta ambición casi siempre es alto, como se ve en “The Prestige”, donde la rivalidad ciega entre dos magos los lleva a destruirse mutuamente. En “Interstellar”, un padre debe renunciar a ver crecer a sus hijos para salvar a la humanidad, mostrando el doloroso choque entre el deber colectivo y el amor familiar. Esta misma carga trágica se repite en “Oppenheimer”, donde el protagonista crea el arma más destructiva de la historia impulsado por la ambición intelectual y el sentido del deber, para terminar, enfrentándose al peso moral de haber cambiado el mundo para mal.

La adaptación “La Odisea” toma el clásico poema épico de Homero y lo transforma en una experiencia visual épica y colosal que redefine el cine de aventuras históricas. Lejos de quedarse en una simple lección de mitología, Nolan utiliza su característico rigor formal para sumergir al espectador en el peligroso y agotador viaje de Ulises/Odiseo de regreso a su hogar en Ítaca tras la guerra de Troya. 

En lugar de apoyarse en exceso en efectos digitales modernos, Nolan traslada su obsesión por la fiscalidad al mundo antiguo. Las tormentas en alta mar, los naufragios y los vastos paisajes mediterráneos se sienten reales, pesados y violentos gracias al uso masivo de cámaras IMAX, escenarios tangibles y efectos prácticos marcados. Cada etapa del viaje se aborda con una crudeza terrenal que humaniza el mito, alejándolo de la fantasía pura para convertirlo en un relato sobre la supervivencia extrema.

Todos estos factores son apoyados por una banda sonora imponente de Ludwig Göransson, a quien Nolan le encargó el desafío de componer la banda sonora sin elementos orquestales, por lo que, acompañado de instrumentos griegos clásicos y un reparto coral de primer nivel, la película aborda el regreso no como un final feliz garantizado, sino como un proceso de transformación doloroso. El Ulises/Odiseo de Nolan es un hombre traumatizado por la guerra, obligado a descubrir si después de tanta destrucción todavía queda un hogar al que valga la pena regresar.

En Diario ABC Puebla impulsamos el talento universitario. En esta ocasión, abrimos nuestras páginas a la voz de un estudiante de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Amerike, como parte de nuestro compromiso con las nuevas generaciones de comunicadores y con quienes comienzan a construir su propia mirada sobre el mundo.

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