Lobos Puebla: el aullido que nadie esperaba tan pronto

Diario ABC Puebla

Pedro Ramírez

Hay debutantes que llegan a la Liga Nacional de Baloncesto Profesional a sobrevivir, a aprender, a no pasar demasiado bochorno. Y hay otros que, desde el primer aullido, se plantan en la mesa de los grandes, obligan a que se les tome en serio y terminan reescribiendo las expectativas de toda una ciudad.

Lobos Puebla pertenece, sin ambigüedades, a la segunda categoría. A falta de apenas cuatro partidos para cerrar la temporada regular 2026, la jauría sigue metida de lleno en la pelea por las posiciones de privilegio, aunque la noche de este domingo en el Miguel Hidalgo dejó un sabor amargo: cayeron 81-84 ante Mineros de Zacatecas en un final dramático que resume perfectamente lo que ha sido esta primera campaña.

No es casualidad que estén donde están. Es trabajo, es carácter, es identidad y es, sobre todo, un proyecto que nació con las botas bien puestas y con el respaldo institucional que pocos equipos nuevos logran tener desde el día uno.

Criticar es fácil cuando un equipo nuevo tropieza. Lobos no ha sido perfecto, y sería deshonesto pretender lo contrario. Ha tenido noches grises en casa, series en las que la inexperiencia de ser franquicia de primer año se notó con crudeza, ajustes de plantilla a mitad de camino que obligaron a recomponer el rompecabezas y momentos en los que la intensidad bajó más de lo deseable.

La derrota de este domingo ante Mineros, en un partido que se definió en los últimos segundos, es el ejemplo más reciente. Duele porque se jugó en casa, porque el Miguel Hidalgo rugía y porque el equipo estuvo cerca de completar la serie. Pero también ilustra algo más profundo: este conjunto ya no se conforma con “competir”. Quiere ganar. Y cuando un debutante llega a ese punto, el listón se eleva y los errores se sienten más.

Lo verdaderamente notable —lo que convierte a este equipo en algo especial— es cómo ha respondido cada vez que alguien esperaba que bajaran la guardia.

La barrida a Abejas de León, el contundente triunfo del sábado ante los mismos Mineros y la forma en que han defendido su casa durante gran parte de la temporada demuestran que Lobos no solo compite: compite con identidad.

Bajo el mando del experimentado Paco Olmos, la plantilla ha encontrado un equilibrio difícil de lograr en un primer año. Hay talento mexicano sólido que entiende el peso de representar a Puebla, refuerzos que aportan físico, lectura y verticalidad, y una actitud colectiva que se siente en cada posesión.

No es un equipo que solo anota cuando todo fluye; es un equipo que pelea los rebotes sucios, que se cierra en defensa cuando el partido se pone feo y que entiende que en la LNBP los detalles deciden series.

Ahora la recta final se muda a la carretera. Lobos Puebla deberá trasladar su actividad fuera de casa para disputar sus últimos cuatro encuentros de la fase regular.

Primero visitará a Correcaminos de la UAT el 1 y 2 de octubre en Ciudad Victoria. Después cerrará el calendario ante El Calor de Cancún el 6 y 7 de octubre, en el extremo opuesto del país. Cuatro partidos. Cuatro oportunidades.

La pelea por las posiciones en la clasificación sigue abierta y cada resultado tendrá un peso enorme. No será sencillo. Jugar de visitante en la LNBP siempre es un examen de carácter, y cerrar la temporada regular lejos del Miguel Hidalgo eleva el grado de dificultad. Pero si algo ha demostrado esta jauría es que no se amilana ante los escenarios adversos.

Y aquí hay que detenerse en un factor que no se puede omitir ni minimizar. El respaldo del gobernador Alejandro Armenta no ha sido decorativo ni protocolario. Desde el anuncio oficial del regreso del baloncesto profesional a Puebla, Armenta ha puesto el peso de su gobierno detrás de la franquicia. No solo palabras en una presentación ni fotos de cortesía. Apoyo tangible y compromiso público con que el deporte de alto rendimiento vuelva a ser bandera en el estado.

Ese respaldo institucional ha dado estabilidad a un proyecto que, en otros contextos y en otras administraciones, hubiera navegado con mucha más incertidumbre y con muchos más sobresaltos económicos.

Puebla volvió a la LNBP con la certeza de que no estaba sola. Y se nota. Se nota en la infraestructura, se nota en la capacidad de atraer y retener talento, se nota en la tranquilidad con la que la directiva ha podido trabajar y se nota, sobre todo, en la forma en que la afición ha respondido llenando el Miguel Hidalgo con una ilusión que hacía años no se veía en el baloncesto profesional poblano.

Pueden criticar lo que quieran. Pueden señalar las noches flojas, los ajustes de roster o la derrota de este domingo en un final de infarto.

Todo eso existe y forma parte del proceso. Pero no pueden negar lo esencial: en su primera temporada en la LNBP, Lobos Puebla ya es un equipo a respetar. Ya es un rival incómodo. Ya es una franquicia que obliga a los rivales a prepararse de manera diferente cuando enfrentan a la manada. Y eso, en una liga tan competitiva y tan exigente como la LNBP, vale oro puro.

La manada ahora viaja. El aullido tendrá que escucharse lejos de casa. Pero Puebla, por fin, vuelve a tener un equipo del que sentirse profundamente orgullosa. No por lo que prometió, sino por lo que ya está entregando.

El resto de la historia se escribirá en Ciudad Victoria y en Cancún. Y si algo ha quedado claro en estos meses es que Lobos Puebla no vino a hacer número. Vino a quedarse. Y a pelear hasta el final.

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