Amigo lector…
Hace quince días, después de la derrota frente al América, dijimos que aquella vez…
también había perdido el entrenador.
Puebla había repetido un problema.
Comenzar nervioso.
Le sucedió contra Chivas.
Contra Cruz Azul.
Y nuevamente frente al América.
El propio Gerardo Espinoza lo reconoció.
Entonces escribimos:
Una vez puede ser accidente.
Dos pueden ser advertencia.
Pero tres…
ya son responsabilidad.
Pues bien.
Puebla derrotó 1-0 al Necaxa en Aguascalientes.
Gol de Mathías Tomás.
Minuto 90+3.
Y si responsabilizamos al entrenador cuando se equivoca…
también debemos hacerlo cuando acierta.
Esta vez, amigo lector…
también ganó Gerardo Espinoza.
No nos confundamos
Mathías Tomás hizo el gol.
El disparo es suyo.
La ejecución es suya.
Ningún entrenador puede dibujar un golazo en una pizarra.
Pero alguien decidió ponerlo dentro de la cancha.
Ahí empieza la parte que corresponde al entrenador.
Y también…
este APUNTE.
El partido que no pasaba
Hay partidos donde sucede de todo.
Y hay otros…
donde aparentemente no pasa nada.
Necaxa contra Puebla fue uno de ellos.
Cerrado.
Trabado.
Disputado principalmente en medio campo.
Pocos espacios.
Pocas oportunidades.
Necaxa tuvo 56 por ciento de posesión.
Puebla 44.
Pero mire usted…
tener la pelota no necesariamente significa saber qué hacer con ella.
Necaxa terminó con cinco remates.
Dos a portería.
Puebla realizó ocho.
Cuatro encontraron el arco.
Necaxa tuvo más la pelota.
Puebla fue más punzante.
Y cuando un partido se atasca así aparece una prueba diferente.
No solamente hay que saber corregir.
También hay que…
saber esperar.
¿Se acuerda del américa?
Contra América Puebla desperdició el comienzo.
Entró nervioso.
Y cuando Espinoza consiguió corregirlo, Guillermo Almada movió su banca y terminó
ganándole el intercambio de decisiones.
Esta vez ocurrió algo diferente.
Puebla no necesitó pasar veinte minutos sobreviviendo a sus propios nervios.
No comenzó perdiendo.
No tuvo que perseguir el marcador.
Simplemente…
se mantuvo dentro del partido.
Después de lo ocurrido ante Chivas, Cruz Azul y América…
no es poca cosa.
Varini sabía lo que venía
Martín Varini había estudiado al Puebla.
Antes del partido explicó que esperaba un equipo de juego directo, fuerte en las segundas
pelotas y con futbolistas peligrosos en el último tercio.
Incluso habló de mantener a Necaxa compacto y preparado precisamente para disputar
esas segundas jugadas.
Es decir…
Necaxa sabía cómo pretendía jugar Puebla.
Puedes conocer lo que hará el rival.
Puedes prepararte para evitarlo.
Pero después…
hay que impedir que lo haga.
Necaxa no pudo.
Necaxa tenía la urgencia
Varini también había dicho que reencontrarse con la victoriaera…
“impostergable”.
Necaxa jugaba en casa.
Necesitaba ganar.
Puebla era visitante.
Y conforme avanzaban los minutos, el empate comenzaba a convertirse en un resultado
perfectamente administrable.
Minuto 70.
0-0.
Minuto 80.
0-0.
Minuto 90.
0-0.
Dígame usted…
¿Cuántos visitantes comienzan entonces a mirar el reloj?
Puebla siguió buscando.
Y ahí apareció una diferencia.
Necaxa tenía la urgencia.
Puebla tuvo la paciencia.
Las decisiones
Espinoza comenzó a mover.
No esperó los últimos minutos para lanzar futbolistas al campo esperando un milagro.
Fue modificando.
Buscando.
Probando.
Y Mathías Tomás apareció con suficiente tiempo para entrar realmente en el partido.
Por eso sería demasiado sencillo decir:
“Espinoza metió al hombre que hizo el gol.”
No.
La decisión importante no fue adivinar quién haría el gol.
Fue…
no renunciar a buscarlo.
Paciencia
¿Recuerda las tres palabras de Gerardo Espinoza después de Santos?
Ecuanimidad.
Serenidad.
Rebeldía.
Contra Necaxa podemos agregar una cuarta.
Paciencia.
Pero paciencia no significa conformismo.
No nos confundamos.
Significa seguir buscando…
sin desesperarse.
Porque un 0-0 que se prolonga puede llevar al entrenador a romper el equipo, perder posiciones y confundir ambición con desesperación.
Puebla no lo hizo.
Mantuvo el partido vivo.
Hasta que apareció su momento.
Minuto 90+3
Mathías Tomás encontró espacio.
Le pegó.
Y la pelota terminó donde solamente terminan los grandes disparos.
Adentro.
0-1.
Partido terminado.
¿Fue un gol fabricado por Espinoza?
Por supuesto que no.
Los entrenadores colocan posibilidades sobre la cancha.
Los futbolistas…
las convierten en realidad.
Esta vez ambas cosas coincidieron.
Los equipos ricos y los equipos pobres
Permítanme detenerme aquí.
Hace quince días vimos la banca del América.
Raphael Veiga.
Brian Rodríguez.
Isaías Violante.
Érick Sánchez.
Israel Reyes.
Almada tuvo un problema.
Miró hacia atrás.
Y encontró soluciones.
Espinoza no tiene eso.
Puebla juega otro campeonato económico.
Su entrenador tiene que encontrar respuestas…
dentro de lo que tiene.
Y algo comienza a repetirse.
Contra Pachuca, los cambios ayudaron al equipo.
Contra Santos aparecieron futbolistas que habían esperado su oportunidad.
Ahora, contra Necaxa…
un jugador que llegó desde la banca hizo el gol de la victoria.
Quizá ahí aparece otro principio:
Los equipos ricos compran soluciones.
Los equipos pobres tienen que construirlas.
Y Puebla…
empieza a construir algunas.
Tampoco echemos las campanas al vuelo
Ahora…
tranquilos.
Puebla no dio una exhibición.
No pasó por encima del Necaxa.
Ganó un partido cerrado que perfectamente pudo terminar 0-0.
Un golazo en el minuto 90+3 tampoco puede explicar noventa minutos completos.
Pero para ganar en el minuto 93…
primero tienes que llegar vivo al minuto 93.
Y Puebla llegó.
Trece puntos
Puebla llegó a trece unidades.
Pero más interesante que el número empieza a ser la variedad de caminos utilizados para
conseguirlos.
Pachuca lo obligó a sobrevivir.
Santos a remontar.
América le recordó que reaccionar tarde no siempre alcanza.
Y Necaxa le planteó otra pregunta:
¿Qué haces cuando el partido no se abre?
Esta vez…
Puebla supo esperar.
Algo está cambiando
Espinoza había reconocido el problema de los arranques.
Contra Necaxa no apareció.
¿Está definitivamente solucionado?
Todavía no.
Un partido no alcanza.
Pero crecer no significa dejar de equivocarse.
Eso no existe.
Crecer significa…
equivocarse cada vez menos en lo mismo.
Después de señalar el problema cuando se repitió…
también debemos reconocer cuando aparece una corrección.
El entrenador también gana
Amigo lector…
Puebla no dio una exhibición.
Hizo algo mucho más sencillo.
Se mantuvo en el partido.
No se desesperó.
Esperó su momento.
Y cuando apareció…
lo aprovechó.
Mathías Tomás puso el balón en el ángulo.
Puebla puso tres puntos más en la tabla.
¿Significa que todos los problemas están resueltos?
Por supuesto que no.
Pero sí sirve para recordar algo elemental:
si el entrenador también pierde…
el entrenador también gana.
Esta vez…
Gerardo Espinoza ganó.
Mientras tanto, nosotros…
Veremos y diremos.
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