Un extorsionador jamás dejará de serlo aun cuando, por acuerdos inconfesables con algunas autoridades, formalmente haya quedado libre de cargos.
Es el caso de Arturo Rueda, quien es conocido, en los bajos medios en los que se desenvuelve, como el “Doctor Tocino”.

La historia de Rueda puede resumirse en buscar beneficiarse del poder en turno cueste lo que cueste, siguiendo la misma escuela de su protector y socio “Nachilinsky”.
Primero sirvió fielmente a Moreno Valle y luego lo negó; se dijo preso político con Barbosa y ahora se autonombra como el vocero oficial del régimen armentista, olvidando que lo atacó con furia, como tantos otros medios que impulsaban la pretendida candidatura de Ignacio Mier.
Es un vil sinvergüenza.
No tiene color de partido ni principios ni amigos.
La moral cree que es una memela con salsa roja.
Para él todo se traduce en negocio .
Recordemos que fue videograbado por Jorge Estefan Chidiac pidiéndole diez millones de pesos por no publicar una información que le parecía comprometedora.
Y de esa conversación surgiría su famosa frase digna de las cañerías: “cabrón, no vendo tlacoyos”.
Por ello, fue procesado en el juzgado penal de Cholula donde se le dictó auto de formal prisión por extorsión.
Su defensa promovió juicio de amparo contra esa resolución y lo perdió.
Luego se fue a la revisión ante un Tribunal Colegiado y el mismo negó la protección constitucional, dejando en claro que el delito de extorsión estaba más que demostrado.
Por ello fue condenado y apeló. La Sala que conoció de su asunto decidió reponer el procedimiento y, después de una manera extraña, un simple secretario, actuando en funciones de titular ante la incapacidad médica de su juez, le dictó sentencia absolutoria contra constancias de autos.
Y solo así, Rueda quedó libre.
Al abogado de Jorge Estefan Chidiac lo nombraron Magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Estado.
Poco después, dijo que rompia la sociedad con Nacho Mier respecto de la propiedad del diario Cambio.
Puso a su esposa como directora de dicho medio y, ahora, a través de sus cuentas personales se ha dedicado a lo mejor que sabe hacer: golpear para cobrar. Y lo peor: dice
que son instrucciones de las más altas esferas.
Recientemente atacó a varios jueces poblanos.
Uno de ellos fue quien le negó la libertad a la persona que representaba.
Dos más lo tuvieron procesado en Cholula por extorsión.
Legalmente, por supuesto, ahí están las resoluciones de los Tribunales Federales en su contra.
Reiteradamente dice que ataca por indicaciones del régimen, no obstante que algunos de los objetos de sus diatribas han sido leales a quien dirige los destinos del estado desde hace muchos años.
Curioso caso el del Doctor Tocino, Arturo Rueda, el que ya olvidó hacer rosarios con sus compañeros de celda en el penal de Tepexi, quizá por eso, nuevamente, los demonios han regresado a sus entrañas.