SETENTA Y CUATRO LATIGAZOS

Diario ABC Puebla

La Convención de Belém do Pará, adoptada el 9 de junio de 1994 y que entró en vigor al año siguiente, fue el primer instrumento internacional que reconoció la violencia contra las mujeres como una problemática global y estableció un mecanismo jurídico para garantizarles el acceso a una vida libre y segura, así como el pleno ejercicio de sus derechos fundamentales.

Recordemos que la violencia contra la mujer es tan antigua como la propia humanidad.

Durante siglos, diversas culturas, religiones y sistemas sociales justificaron prácticas discriminatorias contra las mujeres. La propia Iglesia Católica sostuvo durante largos periodos una visión profundamente desigual sobre el papel femenino dentro de la sociedad. Hasta nuestros días, el sacerdocio católico continúa reservado exclusivamente para los varones.

En otras latitudes, como entre algunos grupos de la etnia masái en África, las mujeres han sido sometidas a prácticas rituales de mutilación genital femenina, consistentes en la extirpación parcial o total de los genitales externos, incluido el clítoris, con el propósito de impedirles experimentar placer sexual y convertirlas, según esas creencias, en mujeres “puras” y aptas para el matrimonio.

Se trata de una práctica que, tras la condena unánime de la Organización de las Naciones Unidas y la presión de organismos internacionales de derechos humanos, ha disminuido significativamente, aunque lamentablemente aún no ha desaparecido.

Otro caso grave de violación a los derechos humanos de las mujeres por razones de género puede encontrarse en algunos sectores del mundo islámico, donde persisten restricciones que les impiden continuar sus estudios después de cierto nivel educativo o incluso asistir a eventos deportivos para presenciar un partido de fútbol.

Sobre este tema, el reconocido cineasta iraní Jafar Panahi realizó la aclamada película Offside, obra que obtuvo reconocimiento internacional al retratar las limitaciones impuestas a las mujeres en su país y que aún puede encontrarse en algunas plataformas digitales.

Sin embargo, la realidad ha demostrado ser incluso más dura que la ficción. Recientemente, el régimen de los ayatolás en Irán llevó al extremo la persecución de las libertades femeninas al condenar a la cantante Parastoo Ahmadi por aparecer en un video difundido a través de YouTube sin portar el hiyab, el velo cuyo uso es obligatorio para las mujeres en ese país.

El artículo 638 del Código Penal iraní considera esta conducta como una “conducta inapropiada”, sancionable con penas de prisión y castigos corporales. En este caso, la condena impuesta consiste en recibir setenta y cuatro latigazos y en la prohibición de salir del país durante dos años.

La pregunta es inevitable:

¿Hasta cuándo seguirá permitiéndose la violencia institucionalizada contra las mujeres en distintas partes del mundo?

Afortunadamente, en México, pese a los importantes desafíos que aún subsisten en materia de igualdad y protección de los derechos de las mujeres, los avances son innegables. Una muestra de ello es que, por primera vez en nuestra historia, una mujer ocupa la más alta responsabilidad pública del país: la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, Presidenta de la República.