Volkswagen: todos pueden perder

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En la planta Volkswagen de Puebla se viven horas de incertidumbre y de cadenas de oración ante el riesgo de una huelga. No se trata solamente de cuánto quieren ganar los trabajadores o cuánto está dispuesta a pagar la empresa. Hoy el conflicto laboral es una apuesta donde, si alguien calcula mal, la factura la terminaremos pagando muchos.

La firma alemana puso sobre la mesa dos nuevas propuestas: una de 7.98% global, con 4% directo al salario y un pago único de 13 mil 200 pesos; y otra de 7.95%, con 4.18% directo, 11 mil 650 pesos en una sola exhibición y un incremento de 0.25% al fondo de ahorro. Ah, pero el sindicato se puso sus moños y dijo que mínimo aceptaría 5% directo al sueldo, un pago único de 17 mil 800 pesos e incremento del 0.25% al fondo de ahorro. ¡Nada más!

Las asambleas previstas fueron suspendidas el miércoles, justo a unas horas para que expire la prórroga y llegue el momento de decidir entre acuerdo o huelga.

Aquí vale detenerse.

Hace unos días, 3 mil 135 trabajadores rechazaron la oferta de convenio bianual que contemplaba un incremento global de 13.16%, pero 2 mil 452 si estaban a favor, es decir que 720 técnicos no aceptaron el “mal arreglo”.

La señal es clara: la base trabajadora está dividida y unos cuántos siempre deciden por todos, sin embrago no hay que olvidar el otro lado de la ecuación.

Volkswagen vive un proceso de ajustes globales con presiones de sobre costos, producción y competitividad china muy intensa. En Puebla, incluso,hay reducción de turnos para algunos modelos. Y eso ocurre mientras hay datos que muestran algo distinto: entre enero y septiembre de 2026, la planta poblana incrementó 16.8% sus exportaciones, al pasar de 199 mil 582 a 233 mil 165 vehículos.

Entonces, ni la empresa está para decir “tenemos que cerrar”, ni el sindicato puede asumir que la bonanza eseterna.

¿Y Puebla?.

VW no es solo una fábrica en Cuautlancingo. Es una enorme cadena de proveedores, empleos, servicios, transporte, comercio y familias que dependen directa o indirectamente de que los motores sigan encendidos.Por eso resulta peligroso reducir el debate a quién gana la negociación.

La huelga es un derecho laboral. Punto. Pero ejercer un derecho también implica medir las consecuencias. Y del lado empresarial, hablar de crisis tampoco puede convertirse en licencia para pedir sacrificios a los trabajadores mientras ella protege su utilidad.

Tampoco ayuda alimentar teorías de chantajes, rescates públicos o amenazas de cierre. Ya hemos visto cómo las empresas privadas se vuelven “estratégicas” cuando necesitan apoyo gubernamental, pero son “muy muy privadas” cuando toca repartirganancias.

La negociación debería ser precisamente eso: negociación. No una guerra de vencidas.

Si Volkswagen pierde competitividad, pierden los trabajadores. Si los trabajadores pierden poder adquisitivo, también pierde Puebla. Y si la planta entra en paro, el impacto no se queda solo enCuautlancingo.

Quizá la pregunta importante no sea quién ganó la batalla salarial, sino quién tuvo la responsabilidad suficiente para evitar que Puebla perdiera la guerra económica.

Queda claro que aquí no hay buenos ni malos de tiempo completo. Hay intereses legítimos, riesgos reales y una enorme cantidad de empleos que no pueden convertirse en moneda de cambio.

 

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