Tras las explosiones registradas en Tepeaca, lo que realmente vimos fue un verdadero milagro gracias a la intercesión del Santo Niño Doctor de ese municipio. Solo así puede explicarse que, pese a la magnitud del hecho, no se hayan registrado víctimas mortales.
Vale decir que la explosión dejó afectaciones físicas,pero también dejó más daños colaterales, pues evidenció que las autoridades de ese municipio solo están de adorno. Aunque seguramente dirán que el combate de ese delito corresponde a la federación y sí es cierto, no se vale que se hagan “los ciegos” porque ellos también se ponen en riesgo junto a sus familias.
De acuerdo a los testimonios de los vecinos, desde hace tiempo reportaron movimientos extraños, denunciaron el olor a gas, apuntaron al tránsito sospechoso y las operaciones clandestinas en el predio donde finalmente ocurrió el siniestro. En otras palabras, los tepeaquenses vieron lo que la autoridad no quiso ver; o que quizá sí lo vio, pero se hizo de la vista gorda.
Las afirmaciones de los lugareños son demoledoras. Sostienen que cuando pasaban cargamentos de huachigas, misteriosamente desaparecían las patrullas municipales. Como por arte de magia, los policías desaparecían.
Los hechos registrados en Tepeaca hacen ver quePuebla sigue atrapada en una realidad incómoda y peligrosa. Datos de Pemex exponen que la entidad se mantiene entre los estados con mayor incidencia de robo de hidrocarburos en el país.
Lamentablemente el huachicol dejó de ser un delito escondido en los ductos para convertirse en una actividad que detona una economía criminal con logística, vigilancia, halcones que cuenta hasta con lacomplacencia de algunas autoridades, como lo afirman los lugareños.
La realidad es que este delito, como otros, no crece solo. Los huachigaseros necesitan de silencio, omisiones y complicidades y eso ya lo vimos en los sexenios pasados. Pero lamentablemente algunos alcaldes o mandos policiacos, ya sea por miedo o conveniencia, siguen contribuido para que este crimensiga.
Hay que apuntar que el fenómeno del huachicol o huachigas también exhibe un abandono social, muestra pobreza y confirma la normalización de actividades ilegales que durante años fueron toleradas. Justo ahí está el verdadero reto: romper la relación entre el crimen y la necesidad económica que no debería justificarse.
La tragedia de Tepeaca debe servir como punto de quiebre. Los cambios de mandos policíacos es un buen inicio, pero requiere de acciones más profundas como investigar a las autoridades apuntadas, localizar a los infiltrados en los cuerpos de seguridad y operativos sistemáticos que permitan cerrar las llaves del robo de combustibles.
Se necesita inteligencia real, uso de tecnología,vigilancia permanente, combate financiero a las redes criminales y, sobre todo, autoridades que reaccionen antes de las explosiones y no después de los funerales. Y que tampoco estén confiando en los milagros de los mediadores celestiales como en este caso con el Santo Niño Doctor de Tepeaca.
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