A principios del siglo pasado, en una humilde morada de Tepexi de Rodríguez, Puebla, nació uno de los más grandes juristas que ha dado nuestro país: José María Cajica Camacho.
Rodeado de una lacerante miseria y en una población en la que se hablaba náhuatl y popoloca, él decidió cambiar no sólo su vida, sino la de todo un país.
Tradujo por vez primera al idioma de Cervantes las obras completas de Planiol y Bonecasse, quienes eran los civilistas más reconocidos en Europa en esa época.
Y no solo eso, sino que a principios de la década de los ochenta, José María Cajica presidió la comisión para elaborar el proyecto de Código Civil para el Estado de Puebla.
En él se incluyeron por vez primera novedosas instituciones jurídicas, aún cuando su más grande aportación fue en favor de la niñez.
Efectivamente, en el abrogado Código Civil del Estado de Puebla, que databa de 1946, se establecía que al inscribir el nacimiento de un niño en el Registro Civil se debía asentar la procedencia de su origen.
Así, por ejemplo, al niño se le asentaba que era “hijo legítimo” en caso de que sus padres estuvieran legalmente casados; “hijo natural” si no lo estaban; “hijo incestuoso” si sus progenitores eran familiares, así sucesivamente.
Cada clasificación más degradante que la anterior.
Pero no solo se trataba de una etiqueta jurídica: en los hechos, estas categorías reproducían una visión profundamente desigual, en la que la carga moral y social recaía principalmente en las mujeres, señaladas y estigmatizadas a partir de su maternidad.
El maestro Cajica, enfrentando a la mentalidad conservadora de la época, estableció en su proyecto de Código Civil que, al momento de registrar a un bebé, se prohibía expresamente hacer cualquier anotación relativa a la procedencia de su nacimiento.
Y a quien le preguntaba al respecto, solo respondía de manera sardónica que en Puebla únicamente iba a haber “hijos y jijos”.
Desafortunadamente, su personalidad rebelde y contestataria —como buen librepensador— lo hacía incómodo para el poder, amén de la profunda envidia que la mayoría le tenía por su brillantez y claridad jurídica.
Así, nunca destacó en su estado natal, sino que obtuvo galardones internacionales por los gobiernos de Francia y de Colombia, entre otros y, a la postre, fue nombrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia del vecino estado de Tlaxcala, en el que también propuso sendas modificaciones a su marco normativo.
A la fecha, 40 años después de su aportación jurídica en favor de la infancia, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha determinado que resulta francamente discriminatorio asentar en el acta de nacimiento de una persona el estado civil de sus padres.
Criterio del que un distinguido jurista poblano ya había establecido las bases hace por lo menos cuatro décadas .
Hoy por hoy, tan sólo la biblioteca municipal de Tepexi de Rodríguez lleva su nombre, pero su legado permanecerá por siempre .


