Controlaba todo en el INE y los OPLES, incluidos los hermanos Hernández Casillas
Nunca imaginaron los hermanos José Alfredo y Raymundo Hernández Casillas que al empezar a trabajar en el gobierno federal durante la gestión del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, pasando por la de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León, específicamente en el RENAPO y luego en el CISEN, les abriría la puerta dorada en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa para convertirse en proveedores de material electoral, alcanzando la gloria financiera en la administración de Enrique Peña Nieto al asumir, en 2014, Lorenzo Córdova Vianello el cargo de Consejero Presidente del Instituto Nacional Electoral, quien sabía de todos los movimientos financieros que se manejaron en los 32 órganos estatales electorales.
Los hermanos Hernández Casillas bailaban al ritmo que les tocaran. No daban crédito a que su relación de amistad con Guadalupe Taddei, que inició a finales del gobierno de Felipe Calderón y se consolidó en la era de Peña Nieto, los convertiría en multimillonarios.
Córdova Vianello, quien siendo titular del INE se vio envuelto en escándalos de racismo y clasismo, por señalamientos de autorizar un duopolio en contratos electorales, de presuntos desvíos de dinero hasta por 400 millones de pesos, de autorizar salarios altos y jubilaciones millonarias y de su neutralidad en los comicios nacionales, está imposibilitado de llamarse ajeno a la corrupción que azota al Instituto, porque él autorizaba lo que se movía en las delegaciones del INE de los 32 estados del país y en los órganos que se instalan de forma temporal en las entidades únicamente durante los procesos electorales.
A partir e 2014, año en que el IFE se transformó en INE, Lorenzo Córdova tenía facultades reguladoras inéditas sobre los institutos electorales de cada estado (OPLES).
Él elegía a los Consejos Generales; fiscalizaba ingresos y egresos de partidos y candidatos en campañas locales; tenía la capacidad de intervenir, absorber la organización de comicios locales en los estados para garantizar paz y estabilidad; igualmente, la atribución de lineamientos obligatorios en toda la nación respecto a la geografía electoral, el padrón de votantes, el diseño de boletas y el PREP local.
Esa misma jerarquía la obtuvo Guadalupe Taddei al convertirse en presidenta consejera del INE en 2023, con el agregado de que ya tenía experiencia acumulada desde 2003 como funcionaria del IFE en Sonora, asumiendo la titularidad del OPLE durante siete años (2014-2021), justo en el período de Lorenzo Córdova, quien fue el que aprobó su nombramiento en el estado norteño.
La relación y complicidad de ambos con los hermanos José Alfredo y Raymundo Hernández Casillas no pasa desapercibida.
La investigación que ha hecho al respecto y que hoy dio a conocer públicamente la secretaria de Anticorrupción y Buen Gobierno, Raquel Buenrostro, informando a la presidenta Claudia Sheinbaum, descubre la red de corrupción en que están envueltos los “impolutos” exfuncionarios electorales.
De todo esto se desprende que Guadalupe Taddeies producto de gobiernos priistas y panistas y que su designación de consejera presidenta del INE, en 2023, fue por insaculación (tómbola), toda vez que ningún partido obtuvo mayoría calificada para nombrar el titular del INE. Es decir, MORENA no tuvo que ver en una designación que fue al azar que, lamentablemente, traía el tufo prianista.
Hay que recordar que el nombre que apareció en la boleta sacada de la esfera, fue pronunciado con alegría por el presidente de la Cámara de Diputados, Santiago Creel, líder de la bancada del PAN.
Con información de e-consulta



