Hace un par de semanas apareció una encuesta patito desacreditando al gobierno de Puebla y al mandatario Alejandro Armenta; sin embargo, unos días después surgió la evaluación de la CE Research, considerada como sinónimo de garantía y la encuestadora más certera, prestigio consolidado durante años, colocando a Armenta como el mejor gobernador del país.
La mentira construida quedó sepultada por la verdad que debe prevalecer en los actos de gobierno y en la vida misma del ser humano.
Los detractores de Armenta están empecinados en destrozar su imagen y trabajo, pero se equivocan ante las evidencias, porque 7 de cada 10 personas lo aprueban y reconocen su talento y cercanía con la gente.
¿Quién le cree al defraudador fiscal Ricardo Salinas Pliego y su TV Azteca o al mercader Carlos Alazraky o al frustrado Pedro Ferriz de Con o a “Lord Montajes” Loret de Mola?
No faltan los periodistas de Puebla que, sin ninguna autoridad moral, están dedicados a denostar y lanzar falsas acusaciones con un común denominador: dicen falsamente que no hay libertad de expresión y que se les asfixia económicamente.
¿Cómo es eso?
Todos sabemos que escriben y hablan lo que quieren sin censura.
Por otro lado, deberían estar enterados que cada gobierno elige a sus proveedores para contratar publicidad, sin obligación de aceptar los servicios de falsos o mentirosos periodistas.
A los farsantes les disgusta que Armenta sea claridoso; que prohíba la corrupción a través del moche; que algunos alcaldes sean descubiertos beneficiándose con obras para sus constructoras; que le llame la atención a sus funcionarios que fallan; que descubra la deuda multimillonaria del morenovallismo; que las consultorías de periodistas hagan negocios sucios; que destape la opacidad notarial; que exhiba a delincuentes disfrazados de empresarios.
Los ciudadanos quieren claridad no impunidad ni complicidad.
Alejandro Armenta está llamado a ser el mejor gobernador de la historia de Puebla.
Es lo que aflige a los corruptos que gustan de la extorsión y la mentira que aplauden los inadaptados.
La verdad debe prevalecer y no aplaudir la mentira