Pedro Ramírez
La participación de México en el Mundial 2026 terminó con una sensación conocida, el equipo volvió a quedarse a un paso de dar el salto que durante décadas ha buscado.
La eliminación en los octavos de final impidió que la Selección Nacional se instalara entre las ocho mejores del torneo, un objetivo que nuevamente quedó fuera de su alcance.
Frente a Inglaterra, el Tri mostró entrega y capacidad de reacción, pero también evidenció las limitaciones que suelen aparecer ante selecciones de primer nivel.
Los errores defensivos, la falta de contundencia y la dificultad para sostener el ritmo del partido terminaron inclinando la balanza.
El balance no es completamente negativo, México compitió, ilusionó a su afición y por momentos mostró un futbol capaz de enfrentar a cualquier rival. Sin embargo, en un Mundial los detalles marcan la diferencia, y una vez más el equipo no logró responder en el momento decisivo.
La eliminación también obliga a mirar más allá de un solo partido; persisten cuestionamientos sobre la formación de futbolistas, el desarrollo de talento, la competitividad de la Liga MX y la continuidad de los proyectos deportivos.
Mientras esos temas no se atiendan de fondo, será difícil que México rompa el techo que lo ha limitado durante tantos años.
El Mundial en casa representaba una oportunidad histórica para trascender. La ilusión fue grande, pero el desenlace volvió a ser el mismo: México compitió, pero no alcanzó el nivel necesario para instalarse entre las mejores selecciones del mundo.


