De acuerdo con diversas fuentes, los pastizales son uno de los ecosistemas más extensos del mundo, cubren más de la mitad (54%) de la superficie terrestre y garantizan el pastoreo de mil millones de animales en 150 países.
Estos ecosistemas son un gran pulmón oculto de la tierra porque almacenan cerca del 30% del carbono orgánico (CO₂) del suelo mundial y, aunque resaltan como áreas naturales de pastoreo, sirven también para mantener el ciclo del agua, la biodiversidad y mitigar el cambio climático.
En estos paisajes existen millones de pastores cuya forma de vida no sólo garantiza alimentos, sino también preserva conocimientos locales e indígenas trasmitidos por generaciones, siendo sus guardianes frente a fenómenos como sequías, inundaciones y enfermedades animales.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), declaró el 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, con el objetivo de impulsar políticas que protejan el acceso a la tierra, fomenten la movilidad pastoral y promuevan inversiones responsables en restauración ambiental, productividad y sanidad animal.
La estepa euroasiática es el área de pastoreo más grande del mundo, ubicada a lo largo de 8 mil kilómetros entre Hungría y Mongolia, abarca superficies de Rusia, Ucrania y Asia Central. Se caracteriza por llanuras suavemente onduladas, árboles dispersos y pastos resistentes a climas extremos.
Las pampas son pastizales bajos y fértiles de América del sur que cubren más de 1.2 millones de km² en gran parte de Argentina, Uruguay y la frontera brasileña. El veld, son áreas de hierba o matorrales bajos para el pastoreo de animales domésticos y silvestres en los países africanos de Sudáfrica, Namibia, Lesoto, Esuatini, Zimbabue y Botswana.
Las grandes llanuras de Norteamérica son una amplia meseta que se extiende al este de las Montañas Rocosas y cubre parte de los estados de Nuevo México, Texas, Oklahoma, Colorado, Kansas, Nebraska, Wyoming, Montana, Dakota del Sur y Dakota del Norte.
En México, los pastizales y áreas naturales de pastoreo comprenden 70 millones de hectáreas en la región árida y semiárida del centro – norte, con lluvias menores a 600 milímetros (mm) anuales. Otras 50 millones de hectáreas se ubican en las regiones tropicales, principalmente en las costas por abajo del trópico de cáncer y en los 9 estados del sursureste mexicano con lluvias superiores a los 600 mm anuales.
En estas áreas de pastizales, predomina el pastoreo extensivo, poco tecnificado, con grandes periodos de ocupación y reducidos tiempos de descanso de los potreros, lo que ha conducido a altos niveles de degradación de la vegetación y capacidad productiva, incremento de arbustos, erosión del suelo y disminución de la capacidad de retención de agua para recargar manantiales y acuíferos.
En grandes extensiones prevalece el pastoreo incontrolado que, para obtener brotes tiernos de mayor calidad para el ganado, recurre a la quema de material vegetal maduro desbordándose en incendios forestales que llegan a representar hasta el 60% de los casos registrados por este fenómeno.
Los pastizales también requieren de políticas y apoyos para recuperar la vegetación, mantener la biodiversidad, conservar y/o recuperar el suelo, mejorar su capacidad productiva y de retención de agua de lluvia en beneficio de los acuíferos. El pastoreo desordenado o poco tecnificado nos está dejando sin pastos, sin vegetación, sin fauna, sin suelo y sin agua en los manantiales.
Pastores de la mixteca poblana, hace algunos años decían que sus principales necesidades eran encontrar buenos pastos y fuentes de agua que les evitara grandes caminatas, contar con sementales y mejor genética, y, capacitación y acompañamiento técnico e infraestructura para el manejo básico del ganado. Hay quienes no tienen ni como amarrar o donde encerrar sus animales y menos, donde aplicar una inyección o hacer una revisión.
En muchas regiones de México, durante la época de lluvias el ganado se va al monte para aprovechar los pastos de la temporada y para no afectar los cultivos en la parte baja, pero al término de las lluvias regresan a las comunidades porque en los pastizales se secan las fuentes de agua y coincide con el aprovechamiento de los residuos de cosecha cerca de los pueblos.
En México, más de 120 millones de hectáreas de uso agrícola y ganadero tienen algún grado de erosión; los pastizales en su totalidad requieren con urgencia acciones de resiembra con las especies forrajeras nativas de mayor valor y/o un cambio hacia prácticas de pastoreo regenerativo, mejor manejo reproductivo con inseminación artificial y trasplante de embriones para mayores avances genéticos. Sin embargo, se nos olvidó impulsar la producción de semillas forrajeras y crear políticas de apoyo a estos ecosistemas que sostienen la producción de más de 1 millón 200 mil becerros que, anualmente, se han exportado a Estados Unidos desde hace 40 años.
Por todo lo anterior, esperamos que las declaraciones de la ONU y de los Organismos Internacionales en materia ambiental y productiva, no sigan siendo solo motivo de conmemoraciones y eventos para cubrir el expediente.
En tanto, las organizaciones ganaderas, las asociaciones de profesionistas, las instituciones educativas y de investigación, los legisladores y los gobiernos, tienen una gran responsabilidad con la productividad de los pastizales de México para beneficio de millones de familias.