El segundo informe de Pepe Chedraui

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Pedro Ramírez

José Chedraui Budib presentó este 15 de octubre de 2026 su segundo informe de labores como si estuviera entregando las llaves de una ciudad transformada. “Llegué a poner orden”, proclamó.

Orden financiero, orden en seguridad, orden en calles. Cifras infladas, discursos de triunfo y la inevitable foto con el gobernador Alejandro Armenta Mier.

Todo muy 4T, todo muy “vamos juntos”. Pero debajo del barniz institucional se huele a teatro barato, a promesas recicladas y a un alcalde que ya tiene un ojo puesto en 2027 mientras la ciudad sigue llena de baches, basura y ambulantaje.

El informe: números mágicos y realidades obstinadas

Chedraui presumió más de 4 mil 550 calles intervenidas y 318 mil baches reparados. Suena impresionante… hasta que se recuerda que Puebla capital tiene alrededor de 53 mil calles y que el propio gobernador recordó que en 2024 el 80 % estaba destrozado. Es decir: dos años después, todavía se está tapando el hoyo que dejó el panismo y que la actual administración no ha podido cerrar.

Invertir 800 o incluso mil 580 millones de pesos en vialidades no es un milagro; es la obligación mínima de cualquier administración que no quiere que la ciudadanía se rompa los ejes todos los días.

En seguridad, 144 policías nuevos, un 9 % de aumento salarial y el sistema “Puebla 360” con inteligencia artificial. Operativos que subieron de 7 mil a 9 mil. Todo bien en el PowerPoint. Pero la ciudad sigue siendo percibida como insegura, los barrios siguen oscuros y el gobernador mismo tuvo que recordar que la seguridad “sigue siendo prioritaria”.

Cuando el propio jefe del Ejecutivo estatal tiene que decirte que hay pendientes, el informe deja de ser rendición de cuentas y se convierte en marketing electoral anticipado.

Turismo: 2.7 millones de visitantes (+14.5 %). Inversiones: más de 3 mil 200 millones y 4 mil empleos. Plan Municipal de Desarrollo cumplido al 94.1 %. Cifras que se dicen solas… hasta que uno camina por las juntas auxiliares, ve el estado de los mercados, la basura acumulada y el ambulantaje que sigue colonizando el centro. El 94.1 % de un plan que existe principalmente en papel no tapa la basura de la calle ni los baches que se reabren cada temporada de lluvias.

Y por supuesto, la joya de la corona: el proyecto de Paseo de San Francisco con Carlos Slim. Chedraui lo defendió con uñas y dientes: “cumplirá con todos los permisos del INAH”, “es un negocio entre particulares”, “no habrá desalojos”.

Omite convenientemente que su hijo está casado con la nieta de Slim. Conflicto de interés? Según el alcalde, “críticas personales”. Según Armenta, semanas atrás, cuando el interés privado se antepone al público, eso se llama corrupción, abuso de poder y saqueo.
Hoy, en el informe, ambos sonrieron para la foto.

El “llamado” de Armenta: diplomacia con daga

Armenta llegó, felicitó, habló de campaña conjunta, de mandato ciudadano y de “vamos por la ruta correcta”. Luego, con la suavidad de quien no quiere romper el plato todavía, le recordó a Chedraui que hay retos por delante: seguridad, calles, ambulantaje, recolección de basura, parques. Y, por si no quedaba claro, le pidió apegarse a los principios de la 4T: no mentir, no robar, no traicionar.

Es el equivalente político de decirle a alguien “te apoyo… pero no te confío del todo”. Especialmente cuando Chedraui ya anunció que quiere reelegirse y anda colocando lonas y espectaculares disfrazados de “difusión del informe”. La ciudadanía, por su parte, ha respondido con pintas de “si hay baches, no reelección” y encuestas que lo colocan entre los alcaldes con peor aprobación (seis de cada diez lo rechazan).

Armenta no fue a destruirlo. Fue a marcarlo. A recordarle quién manda en la estructura morenista de Puebla y que el proyecto Slim no pasó desapercibido. La unidad se proclamó en el patio del Palacio Municipal; la tensión se respiró entre líneas.

El verdadero saldo

Dos años de administración y el alcalde todavía se jacta de “poner orden”. Eso solo revela qué tan desordenado encontró (o dejó) el municipio. Reparar baches, poner luminarias y subir sueldos a policías no es transformación; es mantenimiento básico.

Transformación sería haber resuelto de raíz el ambulantaje, haber entregado una red vial digna, haber hecho que la basura no sea un paisaje permanente y haber demostrado que no se gobierna con proyectos de relumbrón que huelen a negocio familiar.

Chedraui cerró su informe diciendo que “lo que viene es bueno” y que “el futuro se trabaja”. Traducción posible: “quiero otros tres años”. Armenta le contestó, en esencia: “trabaja primero los pendientes y no te olvides de los principios”.

Mientras tanto, Puebla sigue siendo la misma ciudad de siempre: llena de discursos, de cifras optimistas y de ciudadanos que cada mañana se encuentran con el mismo bache, la misma basura y la misma sensación de que el “orden” que prometió el alcalde todavía no llega a su colonia.

El segundo informe no fue una rendición de cuentas. Fue un acto de campaña anticipada envuelto en papel de regalo institucional. Y el llamado de Armenta, aunque diplomático, dejó claro que ni siquiera dentro de la misma familia política el cheque en blanco es eterno.

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