“Goteras” seducen, drogan, roban y desaparecen

Diario ABC Puebla

También sucede en Puebla: “Estábamos disfrutando una copa, fuimos a un motel y después perdí el conocimiento, cuando desperté se habían llevado mi carro, la cartera con las tarjetas, el celular y hasta mis lentes”, relata Carlos N, sobreviviente de las goteras en un bar de Xilotzingo

    Por Josél Moctezuma / Christian Hidalgo

    Una sonrisa, una conversación, una copa compartida, así se abre la puerta del secuestro exprés más silencioso de Puebla. Las “goteras” no necesitan un arma para despojar a su víctima de todo lo que trae encima —a veces, hasta de su propia vida—; les basta con una mirada coqueta y unas gotas oftálmicas disueltas en la bebida.
    Quienes salen de noche creyendo ser conquistadores; los que se sienten donjuanes capaces de levantar a cualquiera en la barra de un bar, deberían saber que en Puebla el papel puede invertirse en cuestión de minutos: el cazador se convierte en presa y, la seducción que creía protagonizar, es en realidad la trampa que alguien más tendió para él.

    XILOTZINGO, LA NOCHE QUE CARLOS NO RECUERDA

    Carlos N., fue a un bar en la zona de Xilotzingo de la capital poblana a ver un partido de fútbol. Nada fuera de lo común. El mesero le preguntó si le importaba compartir mesa con una pareja; Carlos aceptó. A la tercera cerveza, algo cambió.
    “Ya me sentía raro, como si hubiera estado tomando muchísimo. Como que, sí estaba, pero no estaba; no sé si me explico”, recuerda.

    El acompañante de la mujer se levantó al baño y nunca volvió a la mesa. Ella, en cambio, se acercó. Le tocaba la pierna, le decía que le gustaba. Carlos, ya bajo los efectos de la sustancia, apenas registraba lo que respondió. Cuando ella propuso “ir a otro lado”, él pagó la cuenta —y ella, atenta, memorizó el PIN de su tarjeta mientras lo hacía—. Subieron cada uno a su auto; él la siguió hasta un motel sobre avenida Las Torres.

    “Me dijo: deja tu coche afuera, entramos en el mío. Ya en la habitación destapamos unas bebidas, voy al sanitario, regreso, tomo un trago, me acuesto en la cama… y ya no recuerdo más.”

    Carlos despertó al día siguiente en la misma posición, con el envase todavía en la mano. Desorientado, buscó sus llaves, su celular, su cartera, sus lentes. No quedaba nada. El personal del motel le informó que su acompañante se había marchado poco después de que ingresaron. El GPS de su teléfono, cuando finalmente logró rastrearlo, lo ubicó en la zona de San Ramón al sur de la ciudad. Fue a la búsqueda, pero no encontró nada. El efecto de esta potente droga provoca un adormecimiento que puede durar entre dos y cuatro días si la víctima corre con suerte. Si las agresoras se exceden con la dosis, es posible que jamás despierte.

    LAS CIFRAS QUE LA FISCALÍA NO TIENE

    ¿Cuántas denuncias existen en Puebla por este modus operandi? La respuesta institucional es, en sí misma, parte del problema: la Fiscalía General del Estado no cuenta con una cifra oficial consolidada y pública que cataloga de forma independiente los casos de “goteras”.

    Ante ese vacío, han sido las propias asociaciones de hoteles y moteles las que llevan el conteo real. Entre 2025 y marzo de 2026 documentaron entre 20 y 30 casos solo en la capital poblana y su zona conurbada —una cifra que, advierten, es apenas la punta del iceberg. Opera aquí una elevada “cifra negra”: la mayoría de los afectados decide no denunciar, por vergüenza o por temor a explicar ante una autoridad cómo terminaron inconscientes en un motel.

    Manuel Domínguez Gabián, presidente de la Asociación Poblana de Hoteles y Moteles A.C., relata un episodio de 2025 en el que tres jóvenes fueron víctimas de una “gotera” en un mismo motel: uno cayó completamente dormido, los otros dos alcanzaron a notar el efecto a tiempo y pidieron ayuda al personal. Aun así, ninguno de los tres quiso presentar una denuncia penal.

    “Muchos prefieren callar. Piensan que nadie les va a creer o les da pena contar que terminaron en un motel con una desconocida y despertaron sin nada”, relató el empresario.

    EL RASTRO DE LAS “GOTERAS”

    Los casos documentados no están dispersos al azar por la ciudad: se concentran en las zonas de mayor vida nocturna de Puebla y su zona conurbada. El Centro histórico, avenida Juárez, Xilotzingo, Huexotitla, zona de la CAPU, Cholula y Lomas de Angelópolis son, hasta ahora, los puntos donde con mayor frecuencia se ha identificado la operación de estas redes —el mismo corredor de bares y antros que cada fin de semana llena de gente que busca, simplemente, pasar una buena noche.

    FISCALÍA DETIENE A “GOTERA” EN LOMAS DE ANGELÓPOLIS

    En agosto de 2026, un operativo conjunto entre fiscalías logró detener en Lomas de Angelópolis a Ivette “N”, de 34 años, señalada como presunta integrante de una red de “goteras” con casos también vinculados a la Ciudad de México.
    Su método, según la investigación, seguía el mismo guion: contactaba a sus víctimas a través de aplicaciones de citas, las citaba en hoteles —uno de ellos en la colonia Escandón, en CDMX— y ahí les administraba sustancias en la bebida para dejarlos inconscientes. Después sustraía celulares, efectivo y hasta vehículos antes de escapar.
    Es, hasta ahora, uno de los pocos casos que han trascendido en la sombra de la “cifra negra” a una carpeta de investigación con una detenida.

    UNA ALERTA QUE SIGUE ABIERTA

    Carlos N. sobrevivió. Tuvo que enfrentar, después, las consecuencias legales, sociales y familiares de una noche que no recuerda. Otros, advierten hoteleros y reportes periodísticos, no han corrido la misma suerte.
    Mientras la fiscalía de Puebla no consolide una cifra oficial ni una estrategia de prevención específica para este modus operandi, la advertencia queda en manos de quienes conocen el corredor de bares del Centro, avenida Juárez, Xilotzingo, Huexotitla, Cholula y Lomas de Angelópolis: la próxima copa compartida con un desconocido podría ser la última que alguien recuerde haber tomado.

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