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El fin de los ‘coyotes’ en la frontera con EU está más lejos de lo que Trump cree

En sus años trabajando como ‘coyote’, Roberto nunca había visto una cantidad tan alta de familias que están dispuestas a pagar lo que sea con tal de cruzar juntas a EU.

Roberto, quien trabaja como ‘coyote’, puede ver una gran parte de la barda en la frontera entre México y Estados Unidos desde su rancho en Ciudad Juárez, Chihuahua. Traficar gente y drogas para “el otro lado” ha sido el trabajo de toda su vida.

Y es que siempre hay una manera de hacerlo, a pesar de los esfuerzos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de detener esta actividad, presumió.

Sin embargo, Roberto admitió que los operativos contra esta actividad la han convertido en una tarea más difícil y mortal, especialmente para mujeres y niños, cuyas tasas de fallecimiento van al alza.

Esto no sorprende mucho a Roberto, quien pidió no ser identificado con su nombre real debido a que se dedica a actividades ilícitas. Sentado en una crujiente silla de metal y bajo la sombra de quince árboles, el traficante de 65 años toma una rama y dibuja líneas en la arena del suelo para explicar cómo siempre está ‘un paso adelante’ de las autoridades.

“Aquí (detalla mientras dibuja sobre el suelo) hay una brecha en la cerca que los migrantes pueden atravesar para llegar a propiedades de ganaderos estadounidenses” que reciben dinero de él.

Hay un lugar en donde el paso de patrullas de EU es muy frecuente, por lo que Roberto está contratando a más personas para vigilar y cubrir cualquier huella que los migrantes puedan dejen.

El ‘coyote’ afirma que se vio sorprendido cuando, por primera vez en lo que va de su trabajo, unos padres de familia con hijos solicitaron sus servicios. Para los ‘coyotes’, ese no es el perfil más común entre sus clientes, por lo que Roberto preguntó a sus colegas qué estaba pasado.

“Ellos también estaban siendo contratados por varias familias. Muchas, muchas de ellas quieren cruzar al otro lado”, subrayó.

Esto explica, en parte, una de las estadísticas más oscuras de la migración ilegal hacia EU.

La frontera de más de 2 mil millas se ha convertido en una especie de ‘falla tectónica’ este año. La pobreza y la violencia, y ‘el encanto’ de la economía más rica del mundo, están llevando a más personas hacia el norte. En la frontera, se encuentran con un nuevo régimen de seguridad y leyes más estrictas, impuesto por Trump y apoyado por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Algunos se rinden y se van a casa; algunos esperan y esperan, y algunos intentan formas cada vez más peligrosas de cruzar hacia EU.

19 niños murieron en intentos de cruce en la frontera en los primeros nueve meses de 2019, por ahogamiento, deshidratación o enfermedad, de acuerdo con información del proyecto ‘Migrantes desaparecidos’ de Naciones Unidas.

El año pasado, en el mismo periodo, murieron cuatro menores. La cifra de este año es por mucho la más alta desde el inicio de ese programa en 2014, cuando murieron dos menores de edad.

El número de mujeres que fallecen al intentar cruzar la frontera también va en aumento, pues paso de 14 a 44 en el periodo mencionado.

Muchas de las familias que migran hacia EU lo hacen al huir de las epidemias de delincuencia en Centroamérica así como de la crisis económica. Los precios del café, una exportación clave para la región, cayeron este año al nivel más bajo en más de una década.

Para empeorar las cosas, el cambio climático provocará que las pérdidas de cultivos sean más frecuentes para los productores, lo que a su vez impulsará la migración, advirtió Eleanor Paynter, miembro de la Universidad Estatal de Ohio.

“La ley de asilo no reconoce actualmente a los refugiados climáticos, pero en los próximos años veremos más y más”, declaró.

Los flujos son entendibles. Durante la recesión económica de 2007, una desaceleración de la economía de EU provocó una fuerte caída en las cifras de migrantes que venían de México y Centroamérica. Hoy es todo lo contrario, pues las cifras récord de desempleo en la Unión Americana están atrayendo a muchos centroamericanos.

No obstante, ninguno de esos factores explica completamente por qué tantas familias están dispuestas ahora a correr riesgos tan grandes.

Para entender eso, es necesario volver al nacimiento de la política ‘Permanecer en México’ en enero, cuando las nuevas reglas de EU en materia migratoria hicieron más difícil solicitar asilo en ese país.

También a tomar en cuenta está la amenaza que el presidente Donald Trump hizo en junio de imponer aranceles a bienes de México si no se reducía el número de migrantes que llegaban a EU. El mandatario de México, Andrés Manuel López Obrador, acordó el despliegue de 26 mil elementos de la Guardia Nacional en las fronteras norte y sur para atender ese problema.

La medida estaba dirigida a los centroamericanos, en su mayoría de países pobres y violentos como El Salvador y Honduras, quienes han entrado a EU a través de México en cantidades cada vez mayores. Muchos cruzarían la frontera, se entregarían y solicitarían asilo y luego esperarían en EU para una audiencia en la corte. Esa ruta fue especialmente favorecida por los migrantes con niños pequeños, que probablemente serían liberados de la detención más rápido.

Sin embargo, bajo la nueva política migratoria, los migrantes son enviados de regreso a México por decenas de miles y se les exige que esperen una cita para la corte en las peligrosas ciudades fronterizas mexicanas. Ahí estas personas pueden llegar a esperar incluso meses para que las llamen por su número, esto debido a que solo entre 10 y 20 familias son entrevistas por día.

Eso empujó a miles de familias a tomar una decisión difícil. Juan Fierro, que dirige el refugio para migrantes ‘El Buen Pastor’, en Ciudad Juárez, reconoce que alrededor de 10 por ciento de los centroamericanos que se quedaron con él terminaron regresando a sus hogares.

En Tijuana, una ciudad fronteriza a cientos de millas al oeste, José María García Lara, quien también dirige un refugio, señaló que alrededor de 30 por ciento de las familias se dirigieron a las montañas fuera de la ciudad, en su camino a EU.

“Están tratando de cruzar para desaparecer”, agregó.

La familia que se acercó a Roberto en Ciudad Juárez quería tomar una ruta menos peligrosa: cruzar el puente fronterizo y dirigirse hacia El Paso.

Roberto cuenta con los medios para esto. Afirma que su gente puede poner un poste a través del río Bravo si está demasiado alto y que tienen cámaras en el puente para detectar cuando un guardia da la espalda.

Su oferta de precios es amplia: cobra 7 mil 500 dólares por niños y mil dólares adicionales si son centroamericanos, una prueba de que los controles fronterizos más estrictos aumentan los precios que los contrabandistas manejan.

“Pagan muchísimo dinero para que sus hijos crucen a EU. ¿Por qué no mejor abren una ‘tiendita’ con todo eso?“, cuestiona Roberto.

Por lo general, los migrantes no provienen de las comunidades más pobres de sus países de origen, donde las personas luchan para cubrir esos costos de coyote, o de la clase media, sino de las personas que tiene una renta per cápita de entre 5 mil a 10 mil dólares, señaló Michael Clemens, economista del Centro para el Desarrollo Global en Washington. Ese es precisamente el nivel que han alcanzado las economías de El Salvador, Honduras y Guatemala.

Roberto tenía una estrategia para la familia que quería cruzar el puente hacia El Paso. Primero, enviaría a los padres separados de sus hijos, esto para llamar menos la atención. El escenario ideal es que los menores estuvieran dormidos, lo que haría menos probable que los guardias detuvieran el auto en el que irían.

Sin embargo, esa separación planteaba un problema, al cual Roberto le encontró solución: contrató a una mujer para que visitara a la familia por tres días y se familiarizara con los niños. De esa forma, ellos ya la conocerían y no llorarían si se llegaran a despertar justo cuando ella los estuviera llevando al otro lado.

Y el plan funcionó, al menos según lo que Roberto cuenta. La familia llegó sin ningún problema a EU con sus correspondientes identificaciones falsas. La veracidad de esa información no pudo confirmarse.

Por la operación, Roberto obtuvo cerca de 35 mil dólares y después otras tres familias con hijos lo buscaron para cruzar hacia suelo estadounidense.

“Pase lo que pase, quieren llegar allá. No sé de dónde viene la idea de que eso va a detenerse”.

Pero las personas están siendo detenidas y devueltas, y la cantidad de migrantes atrapados cruzando la frontera de EU se ha desplomado después de alcanzar su pico en mayo. Esto le ha permitido a Trump presumir la nueva política migratoria como un éxito.

Sin embargo, eso no es tan simple. Andrew Selee, presidente del Instituto de Políticas de Migración, explicó que el flujo migratorio aumentó inicialmente porque Trump amenazó con cerrar la frontera, desencadenando una ola de caravanas de migrantes y actividades de contrabando.

Enrique García fue uno de esos arrestados. Originario de Suchitepequez, Guatemala, estaba luchando para alimentar a sus tres hijos con los 150 dólares que ganaba al mes como conserje, así que empeño un terreno de 17 mil dólares a un coyote a cambio de un pasaje a Estados Unidos para él y uno de sus vástagos.

Ingresaron a México en agosto, en un camión de ganado donde iban otros ocho adultos y niños, y llegaron hasta Ciudad Juárez. Los ‘coyotes’ los dejaron en un cruce, llamado Palomas, de donde tuvieron que huir.

Después de 45 minutos expuesto al calor, García se estaba preocupando por su hijo, quien se estaba quedando atrás y pedía agua. Pero lograron evadir a los elementos de la Guardia Nacional y se entregaron a la patrulla fronteriza, suplicando que los dejaran quedarse en EU. En cambio, fueron enviados de regreso a México y se les dio una fecha ante la corte en enero.

García, quien relató la historia desde una litera en un refugio de Juárez, dijo que estaba devastado. No sabía qué iba a hacer durante cinco meses en México, sin perspectivas de trabajo. Sus ‘coyotes’ lograron restablecer el contacto con el grupo, y la mayoría de ellos, con niños a cuestas, decidieron cruzar una vez más. Pero esta vez no confiarían en el proceso de asilo; intentarían evadir a las patrullas fronterizas y desaparecer en EU.

Pero García decidió que ya había puesto en riesgo la vida de su hijo una vez y que no volvería a hacerlo. Consiguió 250 dólares para que el niño regresara a casa, en Guatemala para luego intentar un nuevo cruce, pero solo. Para ello no necesitaría pagarle de nuevo a los ‘coyotes’, ya que estos le hicieron una ‘oferta especial’ cuando empeñó su terreno: dos intentos por el precio de uno.

Investigadores apuntan a que hay un elemento disuasivo más efectivo para tales esquemas: abrir más canales legales de migración

Clemens identificó que la inmigración ilegal desde México disminuyó en los últimos años después de que las autoridades estadounidenses aumentaron el número de visas H-2 para trabajo temporal, casi todos ellas dirigidas a mexicanos, una tendencia que continúa bajo Trump.

El debate actual en Washington supone que “la aplicación de la ley y la asistencia en materia de seguridad en Centroamérica serán suficientes, sin ningún tipo de expansión de canales legales. Eso va en contra de las lecciones de la historia”, criticó.

Una política migratoria restrictiva solo ‘ahuyentará’ a cierto número de migrantes, mientras que empujará a otros a tomar rutas más riesgosas para llegar a EU, incrementando el riesgo de que mueran. Eso fue lo que pasó en Europa, específicamente en el Mediterráneo, de acuerdo con Paynter, en la Universidad de Ohio State y quien ha investigado las cifras del proyecto ‘Migrantes desaparecidos’.

“En 2019, a pesar de que el número total de intentos de cruce es menor, la tasa de mortalidad es tres veces mayor”, advirtió.

Roberto expresa tristeza por los niños que han muerto tratando de cruzar la frontera entre Estados Unidos y México. Afirma que habría tratado de ayudarlos, incluso si no pudieran pagar.

El ‘coyote’ no ve cómo las autoridades pongan un fin a las formas de hacer negocio con los cruces en la frontera, incluso bromea al respecto.

“Escuché que Trump quiere arrojar cocodrilos al río (Bravo). ¿Adivina qué pasará? Nos los comeríamos y luego, como su piel es cara, iniciaríamos otro negocio. Generaría ganancias porque haríamos botas, cinturones y carteras. Nos veríamos muy guapos”.

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