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El sobrepeso en la adolescencia genera un riesgo cardíaco equivalente al de la obesidad.

Pruebas de rendimiento cardíaco realizadas con voluntarios con edades entre 10 y 17 años revelaron que ambos grupos exhiben resultados muy similares

 

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Estadual Paulista (Unesp) en Brasil sugiere que los adolescentes con sobrepeso están sujetos a un riesgo aumentado de desarrollar enfermedades cardiovasculares análogo al que se registra entre los jóvenes obesos.

Pruebas de rendimiento cardíaco realizadas con voluntarios con edades entre 10 y 17 años revelaron que ambos grupos –con sobrepeso y obesos– exhiben resultados muy similares.

Esta investigación contó el apoyo de la FAPESP – Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo y salió publicada en la revista Cardiology in the Young. Participaron en el trabajo científicos de la Kennesaw State University, de Estados Unidos, y de la Faculdade de Juazeiro do Norte, en el estado brasileño de Ceará.

“Hasta hace poco, no se consideraba que el sobrepeso en la adolescencia constituyese un factor de riesgo tan importante para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, tal como sí lo es la obesidad. Pero hemos constatado que los riesgos en ambas condiciones son similares”, declaró Vitor Engrácia Valenti, docente de la Unesp de Marília y coordinador de la investigación.

Los investigadores distribuyeron a 40 adolescentes en dos grupos, con chicos y chicas en la misma proporción y con distintos valores de score-z o unidad tipificada, la escala que se emplea en el diagnóstico nutricional de niños y adolescentes basada en la cantidad de desvíos estándar arriba o abajo del promedio de la población de la misma edad.

El primer grupo estuvo compuesto por adolescentes con sobrepeso, clasificados por el score-z con entre uno y dos desvíos estándar por encima del promedio (+ 1 y +2). El segundo grupo reunió a adolescentes obesos, identificados por el score-z con desvíos estándar arriba de dos.

Con los jóvenes se aplicó un protocolo de ejercicios físicos moderados que incluía caminar durante 20 minutos en una cinta sin inclinación. El objetivo consistía en llegar al 70% de la frecuencia cardíaca máxima estimada para esa franja de edad.

La variabilidad de la frecuencia cardíaca de los adolescentes se midió antes y después del ejercicio, con el fin de evaluar la velocidad de recuperación cardíaca autónoma tras la actividad física. Esa medición permite analizar el riesgo de que una persona sufra una complicación cardiovascular inmediatamente después de una actividad física y también estimar el riesgo de que padezca una enfermedad cardiovascular en el futuro.

Durante los primeros segundos de un ejercicio físico, se produce una disminución de la actividad del sistema nervioso parasimpático, encargado de estimular acciones que relajan el cuerpo: la desaceleración de los latidos cardíacos, por ejemplo.

En tanto, luego de los primeros 50 a 60 segundos de esfuerzo físico, se produce un aumento de la actividad del sistema nervioso simpático, que estimula acciones de respuesta a situaciones de estrés, como por ejemplo la aceleración de los latidos cardíacos a través de los efectos de la adrenalina.

Estudios publicados durante los últimos años indicaron que cuanto mayor es el tiempo que tarda ese sistema nervioso autónomo para estabilizarse tras el ejercicio y recuperar la frecuencia cardíaca normal, mayor también es la predisposición a padecer una enfermedad cardiovascular o metabólica, explicó Engrácia Valenti.

Los análisis de la variabilidad de la frecuencia cardíaca de los adolescentes con sobrepeso y obesos revelaron que no hubo diferencias significativas entre ellos.

Los resultados de los análisis estadísticos también indicaron que no hubo diferencia en la variabilidad de la frecuencia cardíaca de las chicas en comparación con la de los chicos.

La cantidad de adolescentes obesos se ha elevado en todo el mundo durante los últimos 40 años. En los países desarrollados, la tasa de obesidad en ese grupo ha venido aumentando entre un 30% y un 50% por década, de acuerdo con estudios recientes. Y en Brasil esta tendencia no es distinta.

 

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